EL DIQUE

 
 

Un océano contenido de lágrimas en el que podría ahogarse o decidir aprender a navegar.

Quizá por eso se iban escapando un poco cada día, mientras leía un libro o veía la televisión recostada,

como si le sobrasen y sus ojos no pudieran retenerlas mucho más.

Una lágrima mientras le daba el viento frío en la cara, otra al pelar cebolla, otra al estornudar,

las iba dejando caer poco a poco, ante el inminente desbordamiento.

De repente, una bandada de pájaros, un rugir de hojas entre los árboles, una carcajada olvidada,

una palabra amable o un abrazo sincero empujaban la compuerta

y las hacían escapar tímidamente durante un instante.

Y  la compuerta se cerraba de nuevo.

Pero el derrumbe del dique era ya inminente.

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