MUNDO INHÓSPITO

Hay días en que el mundo se convierte en un desolador e inhóspito lugar para vivir.

Cuesta encontrar un reducto amable donde conservar la fe en lo bueno.

Y el alma tiende a replegarse hacia la cueva más cercana esperando el cese de la tormenta.

Hay días en que te comes el mundo, levantas el brazo y la mirada y te lanzas al vacío.

Y otros, en los que el vacío te come y te moja.

Y quizá lo mejor es mirarle de frente y lanzarse de cabeza a él.

A ver qué pasa.

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