SERVICIOS MÍNIMOS

 

Hay momentos en los que vivir se convierte en un acto de fe, o de inercia.

Algo así como mantenerse con los servicios mínimos de ilusión, curiosidad, inspiración y confianza,

y a pesar de ello permitir, involuntariamente, que el aire llegue a los pulmones.

Porque vivir es lo que hay, lo que es, y no es cómodo cuando todo tiembla ahí afuera. Y dentro. 

La hibernación parece una opción apetecible ante la niebla, la presión, el ruido y la desorientación. 

Y aun entubados, casi paralizados y apenas conscientes,

el recuerdo de una lejana y pálida luz de esperanza en la evolución

no nos permite abandonar y rendirnos más que por un instante.

Y después, volver a tomar aire.

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